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TRES HOMBRES Y UNA MUJER
La mayor novedad a nivel argumental Hasta que llegó su hora es la presencia de una mujer como personaje principal, en un papel calcado del de Joan Crawford en Johnny Guitar. Jill es una prostituta de Nueva Orleans que se casa con el desgraciado Brett McBain. Cuando llega al rancho de éste para iniciar una nueva vida junto a su marido y los tres hijos de él, se encuentra con que han sido asesinados. En torno a ella y en torno al terreno que hereda como consecuencia de la muerte de su esposo gira la trama principal del film. Se interrelaciona con los tres personajes principales masculinos.

El pistolero Frank se aprovecha de ella en la cama. Harmonica la defiende, obligándola a cambiar de ropa y con ella su vida anterior. Pero es el bandido Manuel "Cheyenne" Gutiérrez es el que alcanza un mayor grado de complicidad: "Jill, me recuerdas a mi madre. Era la mayor puta de Alameda y la mejor mujer que ha vivido nunca. Quienquiera que fuera mi padre, durante una hora o por un mes, seguro que debió de ser un hombre feliz". También la alienta para su nuevo cometido de madre de una nueva patria, diciéndole que ha de salir a dar agua a los hombres que construyen el ferrocarril. Para el papel estuvo claro desde un primer momento quién era la actriz más adecuada, la italo-tunecina Claudia Cardinale. Tras la marcha de Gina Lollobrigida y Sophia Loren a Hollywood, se había convertido en un valor al alza en la industria cinematográfica italiana con sus participaciones en films como Ocho y medio (Otto e Mezzo, Federico Fellini, 1963) o El Gatopardo (Il Gattopardo, Luchino Visconti, 1963), e incluso tenía cierta fama internacional por su papel de la princesa en La Pantera Rosa (The Pink Panther, Blake Edwards, 1964) y por su aparición en Los Profesionales (The Professionals, Richard Brooks, 1966).
El resto de personajes son, a propósito, estereotipos tradicionales del Western. El pistolero Frank hace su aparición en la segunda secuencia de la película. La familia McBain se dispone a partir desde su Rancho de Sweetwater hacia la estación de Flagstone para ir a recoger a Jill. La primera en caer al suelo es la hija. McBain corre desesperado hacia ella y también es alcanzado por un disparo. A continuación muere el hijo mayor, al que no le da tiempo a bajarse de la carreta. En ese momento aparece por la puerta de la casa el pequeño Timmy, totalmente desarmado.

Cinco hombres, vestidos con guardapolvos, aparecen entre los arbustos y se dirigen hacia él. La cámara los sigue de espaldas mientras el pequeño permanece inmóvil. Cuando llegan hasta él, la cámara se gira para mostrarnos el rostro del jefe de los asesinos y éste es... Henry Fonda.

Leone quiso al actor por el contraste que causaría en esta escena el angelical aspecto de Fonda (entonces con 63 años) con la brutalidad de su acción. El tradicional hombre recto de tantos y tantos Westerns, cuando uno de sus secuaces le dice "¿Qué hacemos con éste, Frank?" en referencia a Timmy, fríamente responde "Ahora que me llamas por mi nombre..." antes de disparar al niño.
Cheyenne fue un papel escrito específicamente para Jason Robards, que había impresionado a Leone cuando le vió actuar en directo en Broadway. Es el jefe de una banda por el que se ofrece una recompensa de cinco mil dólares. Siempre van vestidos con guardapolvos, de ahí que Frank y los suyos imiten esta indumentaria para hacer creer que los McBain han sido asesinados por Cheyenne.

Cheyenne es un personaje triste que se toma la vida con filosofía. Al contrario de lo que puede parecer en un principio, posee una gran inteligencia y es un buen hombre de acción, como demuestra al matar a los hombres de Morton en el tren. Acaba manteniendo una gran relación con Jill y una muy curiosa con Harmonica, del que dice que "tiene algo que ver con la muerte".
Harmonica, por supuesto, es el hombre sin nombre. Fue un papel ofrecido en primer lugar a Clint Eastwood y posteriormente a James Coburn y que finalmente recayó en Charles Bronson, cuyo monolítico rostro, hieratismo y rasgos étnicos le hacían perfecto para encarnar al último representante de "una antigua raza".

A lo largo de la película no se sabe qué es lo que persigue ni quién es. Es un personaje solitario, casi siempre permanece callado y aparece cuando menos se le espera, generalmente por el lado derecho de la pantalla y de perfil. Lo único evidente en él es su hostilidad hacia Frank y que toca el instrumento que le da nombre, aunque tampoco se sabrá por qué hasta el final.