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LA FOTOGRAFÍA Y EL DUELO FINAL
Dado que los principales platós en los que se rodaron los interiores se hallaban en las propias localizaciones, Leone también puso especial énfasis en dar una mayor continuidad a los interiores-exteriores. Por ello, Delli Colli tuvo que usar enormes cantidades de luz en el Saloon, en la casa McBain y en el vagón de tren de Morton. De esa manera, al igualar la intensidad de la luminosidad con el exterior, a través de las ventanas se ve lo que hay fuera (en las escenas dentro del Saloon de Flagstone el bullicio de la ciudad, en Sweetwater cómo avanza el ferrocarril o el paisaje desde el tren).

La mayor cantidad de luz obligó también a trabajar con aperturas de diafragma más pequeñas (rara vez mayores de f/8), por lo que casi todo el metraje de Hasta que llegó su hora tiene una extraordinaria profundidad de campo.

Para los exteriores, Delli Colli tenía en mente una imagen muy alejada del sucio realismo de El bueno, el feo y el malo. Aunque la película se rodó en verano (entre los meses de junio y agosto) bajo el sol andaluz, utilizó para sus propósitos arcos voltaicos y paneles reflectores sobre los actores.

La intensidad de la luz es tal que los actores parecen quemados por ella, dotando a los primeros planos de una gran estilización y artificialidad, lo que potencia el efecto que éstos causan sobre el espectador. Para algunos de los planos dentro del tren de Morton hubo que utilizar la retroproyección en cambio, especialmente durante la escena en que aparece Cheyenne.

El trabajo de Delli Colli es especialmente vistoso durante el duelo y el flashback final. Durante el duelo por el extraordinario uso del ancho de la pantalla del Techniscope, con Bronson y Fonda apareciendo en un rápido plano contraplano por un extremo y otro del encuadre al ritmo de la música de Morricone.

