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Oscars 2010 - La gesta de Bigelow y una Gala para olvidar

Robin Williams siguió los pasos de Carell. Un cómico con sobradas aptitudes para el humor que parece que viene de funeral. Le entrega el Oscar a la preferida por las quinielas. Mo’Nique se llevó, con todas las de la ley, el distintivo a la mejor actriz secundaria por su despreciable personaje de ‘Precious’. Me hace mucha gracia como los medios españoles han enfatizado en titular su cabecera con que la actriz afroamericana “le ha robado el premio a Penélope Cruz”. Ridículo.

La palabra “coñazo infumable” empezaba a propagarse por los círculos de cinéfilos que han seguido durante esta noche la gala más importante de Hollywood. Menos mal que Charlize Theron sale a continuación de Sarah Jessica Parker para subsanar la esperpéntica efigie que se ha labrado la protagonista de ‘Sexo en Nueva York’. De repente, sin mucha coherencia en su planteamiento, aparecen los jóvenes efebos de la saga ‘Crepúsculo’ Kristen Stewart y Taylor Lautner y presentan un vídeo de grandes clásicos del cine de terror que repasa en imágenes algunos de los títulos más representativos del género.

Con esto se deja claro que cualquier propósito de hacer algo bien no tiene cabida en esta noche, por mucho que a Quentin Tarantino le haya gustado el ‘clip’. Es cuando ‘The Hurt Locker’ se lleva los premios de sonido y comienza a tomar ventaja sobre su rival directa ‘Avatar’ ¿Y Steve Martin y Alec Baldwin? Tampoco importa mucho porque apenas aparecen en escena y cuando lo hacen, pasan desapercibidos. Aunque sería injusto no reconocer que su parodia de ‘Paronormal Activity’ fue de lo poco bueno que concedieron en sus aportaciones como conductores de la gala.

Es importante no perder tiempo, por lo que Sandra Bullock presenta la categoría de fotografía sin que al menos nos dejen ver algo del trabajo de los magos de la luz. Gana Mauro Fiore por ‘Avatar’. Y llegó otro instante para el olvido. Demi Moore, espectacular, se desliza con la música de ‘Ghost’ para presentar a James Taylor, que canta ‘In My Life’ mientras tiene lugar el vídeo que repasa la gente del cine que ha fallecido a lo largo de 2009. Comienzan por Patrick Swayze y acaban por Karl Malden, pero parece ser que Farrah Fawcett no contaba para la Academia porque han pasado de recordar que ella también murió tras una larga enfermedad. De hecho, para el poco sentimiento y la falta de emotividad que dejó esta revisión, casi mejor.

Sam Worthington (que presentaba con Jennifer Lopez) se puso unas gafas enormes para presentar los candidatos de banda sonora. Sobre el escenario, había preparada una coreografía para acompañar los ‘scores’ nominados. Lo que podría haber recordado a otras galas de hace tiempo, en la que también se siguió este sistema de combinar música y danza, aquí roza lo grotesco. Mientras sonaban las partituras de los nominados, los bailarines serpentean, hacen el robot, bailan en plan ‘break’ con estertores de singular actividad física. Y es espectacular, cierto es. Pero que no pegan ni con cola. Y la idea del número musical luce como una descoordinación que acaricia lo estrambótico. El gesto de George Clooney a cámara después de la coreografía lo dice todo.

Eso sí, por lo menos gana Michael Giacchino por ‘Up’. ‘Avatar’ gana los efectos especiales, por supuesto. Los de ‘The cove’, el largo documental ganador, se quedan con el papel de agradecimiento en la mano porque son muchos y sólo agradece a toda hostia el primero de ellos. El montaje es para ‘The Hurt Locker’, que sigue con ventaja respecto a ‘Avatar’.

Otro momento extraño llega con la concesión del Oscar a la mejor película extranjera. Ver a Pedro Almodóvar y a Quentin Tarantino unidos para presentar es, por lo menos, chocante. Cuando no raro. El destino no quiere que a ellos se una Michael Haneke (hubiera sido todavía más extraño) y se lleva el premio ‘El secreto de sus ojos’, de Juan José Campanella, que está a punto de que le corten el discurso debido a que se prolonga en sus palabras. Lo mejor de la noche, hasta ese momento, era saber que sólo restaban los premios gordos y que todo iba a acabar. Reducen tiempos y cercenan todo el lujoso dispositivo audiovisual visto hace años. No hay casi frases ingeniosas. La catástrofe es un hecho.

Lo que no puede faltar es la poco brillante y extensa idea (inaugurada el año pasado) de sacar cinco intérpretes que piropeen con una arenga de adjetivos ponderativos inacabable a los nominados en las categorías interpretativas. Curiosamente, en esta chorrada anidó el instante más conmovedor y especial de toda la noche. Michelle Pfeiffer, que había compartido pantalla con Jeff Bridges en 1988 en esa obra maestra que es ‘Los fabulosos Baker Boys’, recordó aquella experiencia antes de que al protagonista de ‘Crazy Heart’ le concedieran ese Oscar tan merecido. Bridges fue lo mejor de la velada, con su sincera alegría, con su felicidad desatada mientras la totalidad de la platea en pie aplaudía sin cesar. Su interpretación como Bad Blake es merecedora de este reconocimiento que sirve como homenaje a una carrera llena de actuaciones memorables y a un actor con un talento maravilloso.

El mismo sistema de actores o actrices adulando al candidato correspondiente también se sigue en la actriz. Aquí es Oprah Winfrey la que tiene su minuto de gloria y hace llorar a su protegida, la actriz de ‘Precious’ Gaboury Sidibe, con un discurso lleno de sentimiento y ternura. Hubiera sido una sorpresa muy agradable que la oronda actriz hubiese recogido el galardón a la mejor actriz. Como dijo Oprah minutos antes, “todo es posible”. Pero no fue así. Sean Penn, acaparador de injusticias en este tipo de saraos, entregó el Oscar a Sandra Bullock por ‘The Blind Side’ horas después de que fuera reconocida como la peor actriz del año con un Razzie. Hollywood es así. Un mundo de extremos. La actriz estuvo muy bien en su agradecimiento en homenaje a las madres de todo el mundo.

Quedaban los dos últimos premios de la noche que desvelarían quién sería la vencedora de la noche. Cuando Barbra Streisand apareció para adjudicar el premio al mejor director las pistas se destaparon como evidentes y previsibles. Y así fue. Las palabras de Streisand al abrir el sobre eran significativas “the time has come (el momento ha llegado)”: Kathryn Bigelow se convertía en la primera mujer de la historia de los premios en recibir un Oscar en el apartado de mejor director. Por supuesto, no faltó en su discurso gratitud aludir al ejército de marines con claras connotaciones patrióticas. Lo último, lo que faltaba por ver para redondear el desbarajuste.

Bigelow aún no había abandonado el escenario cuando ha salido Tom Hanks a gran velocidad. El momento emocionante de saber cuál era la mejor película de 2009 para la Academia no podía incluir vídeos, ni siquiera de recordar cuáles eran las nominadas. Hanks ha abierto el sobre con cierta prisa y ha dado a conocer, de forma vertiginosa, a ‘The Hurt Locker’ como la gran ganadora del año ¿Para qué darle un poco de emoción? Un poco más y grita el nombre de la ganadora desde el ‘backstage’.

Han agradecido los productores de la cinta (entre las que se encuentra la propia Bigelow) y seguidamente han salido a matacaballo Martin y Baldwin a despedir y la función ha finalizado. Así, a todo trapo, con precipitación. Lo peor de esta gala es que deja la sensación de que el futuro de los Oscar no vislumbra un cambio positivo. La de esta madrugada ha sido una velada para el olvido, donde no existió el ‘sketch’, ni el humor, ni el espectáculo, que careció de cualquier atisbo de diversión.

Por no haber, no hubo ni anécdotas para recordar durante la gala. Ya pueden cambiar mucho la concepción de este espectáculo cinematográfico porque la de este año ha sido horrorosa, plagada de despropósitos y sin ápice de esa lucidez que se le exige a uno de los programas televisivos más seguidos del año. En resumen, cuatro horas para decir que ‘The hurt locker’ se alzaba con seis estatuillas y dejaba a ‘Avatar’ como la gran derrotada de la noche. Poco más. Un consejo: en la próxima ocasión que le den un cheque en blanco a Billy Cristal, por favor. Él es el único que ha demostrado que puede dirigir la ceremonia con ese talento cómico que se echa en falta estos últimos años.

LO MEJOR

-El regreso de Michelle Pfeiffer a los Oscar después de muchos años. Vestida de rojo, en homenaje a su personaje de ‘Los Fabulosos Baker Boys’ Suzie Diamond, para alabar la carrera del otro figura de la noche: Jeff Bridges.

-Que ha durado ¿poco?

-Ben Stiller, que suma otro éxito como cómico en unos Oscar. Se ha convertido en una garantía de humor asegurado. Podían aprender de él. Es más, podría ser él el próximo presentador de los Oscar.

-Charlize Theron, siempre. Y George Clooney, por lo mismo.

-En el apartado de estilismos, vestidos y elegancia destacaron Penélope Cruz, la radiante Kate Winslet (posiblemente la más guapa de la ceremonia), Sandra Bullock, Demi Moore, Tina Fey, Helen Mirren, Anna Kendrick, Elizabeth Banks y la gran protagonista de la noche Kathryn Bigelow, que dice que tiene 58 años y parece que tiene 45.

-No ha habido discurso del presidente de la Academia.

-El homenaje a John Hughes que ha permitido ver lo mal que han envejecido la generación que se hizo famosa al amparo de este cineasta, incluido el ‘Joselito de Hollywood’ Macauley Culkin.

-Como cada año, la Academy Press Photo Area, por suministrarme las imágenes de la noche.

-Que acabara la gala.

LO PEOR

-La falta de anécdotas antes y durante la gala.

-La realización. Otros años, por muy mala que sea la gala, en este apartado suele funcionar todo a la perfección. Este año, ha dejado que desear bastante ¿La crisis ha afectado también a los Oscar?

-No saber si Mo’Nique al final se ha depilado los "pelitos" de las piernas que lució orgullosa en los Globos de Oro.

-La ausencia de sentido del humor y lo desordenado y caótico de todo. Una organización penosa y un guión que ha brillado por su ausencia.

-Steve Martin y Alec Baldwin. Muy mal. Bill Mechanic, productor de los Oscar, había prometido risas. Y estos dos cómicos no han estado a la altura.

-Sarah Jessica Parker, que además de dar una grima (por no decir repulsa) llevaba un vestido horrible y masticaba chicle en el patio de butacas. Con lo pija que es ella.

-Que no estuviera Jack Nicholson.

-Ese aire de superioridad y aires de grandeza que dejaron ver Kristen Stewart y Taylor Lautner en cada instante en que han aparecido.

Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010




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